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Inteligencia

Anticipándose a la teoría de Darwin, sobre la inteligencia del perro, Aristóteles parece sostener que la habilidad mental  de los perros y las personas  difieren solo en grado.

Tanto los humanos como los perros tienen emociones, pero la de las personas son más compleja.

Ambos aprenden, recuerdan, resuelven problemas y se benefician de la experiencia, solo que en todos los casos las personas lo hacen mejor.

(Recordamos Aristóteles filósofo griego nacido en Estagira Macedonia en el año 384)

El tema de inteligencia, es muy polémico, así que recurrí a mi diccionario  de Etología  y pude rescatar el siguiente texto: Inteligencia es el índice de capacidad en tareas  que requiere actividad cognitiva (o sea de conocimiento).

Puedo decirles que existen numerosos ejemplos y demostraciones de la conducta animal inteligente, pero la validez del test de inteligencia propuestos, están expuestos a la crítica sobre la base que no es posible diseñar un test de “Resolución de problemas” que no este condicionado por las características de  la especie considerada.

Hay un sector  de que niegan la inteligencia del perro, claro esta que esto depende mucho de la definición a que nos ajustamos, si tomamos  la inteligencia como la capacidad de descubrir relaciones abstractas, se negará obviamente la existencia de esta en el animal, pero si definimos inteligencia como lo hizo el científico  S Kinner como la capacidad de aprender, prueba de la caja, entonces indudablemente que la tiene, no desde el punto de vista tan complejo como el hombre, pero si siguiendo un sistema estructurado basado en la asociación.

Una investigación interesante  llega a mis manos, es la que hicieron

Louisse y Jean Pierre Robert.

Ellos se expresaron de esta manera con una pregunta inicial:

¿Para describir  y evaluar la inteligencia de un perro es conveniente utilizar, los mismos términos, las mismas pruebas, que para el hombre?

Esto sería caer en el antropomorfismo, es decir, asimilar el comportamiento  del perro, al hombre.

Aunque el perro, parece que en su prolongado contacto con el hombre, ha aprendido a vivir como él, pero dejamos asentado que las bases de su comportamiento psicológico, son muy diferentes.

El psiquismo humano es muy complicado, el del perro es más simple.

Por supuesto, su cerebro es menos complejo, pesa relativamente menos y sus circunvoluciones, son menos numerosas que el cerebro humano.

Pues bien, nuestro primer problema ¡es no humanizar al perro!

Continuaban diciendo, estos dos reconocidos etólogos franceses:

¿Cómo es posible evaluar la inteligencia de un individuo, cuando no se lo puede interrogar?

 Al investigador solo le queda un recurso y es de observar al individuo en una forma más rigurosa, desprovista de toda posible interpretación, según los conceptos humanos.

Uno comúnmente, vacila en usar él término “inteligencia”   cuando se trata de un perro, por lo que asociará la palabra inteligencia, a la memoria y a veces al instinto.

El perro aprende, pero se puede afirmar que no comprende.

Actúa porque ha aprendido que tendrá derecho a una recompensa o no actúa a causa de la perspectiva de un castigo.

Su inteligencia se reduce pues a una cuestión de memoria, y esta siempre conectada a las sensaciones.

Como en todos los seres vivos estas sensaciones están provocadas por los estímulos sensoriales externos.

La excitación local produce la formación de un flujo nervioso que analizado por el cerebro, provoca reacciones primarias de tipo emocional.

Así el tono del perro que ladra  ante la vista de un visitante desconocido será diferente del tono que emplea cuando ve llegar al dueño.

 En el hombre una reacción emocional se expresa con  manifestaciones especiales, como ser, lágrimas, sonrisas, risas, gritos, etc.

En el perro  estas reacciones son menos expresivas y más limitadas, como ser agitación  de cola, movimiento del pabellón de orejas, saltos, gruñidos etc.

Ratificamos lo dicho anteriormente, contestar,  sobre el verdadero significado de la inteligencia es difícil.

En 1926 el Diario  de Educación Psicológica de Washington EEUU pidió a una cantidad considerable de intelectuales y psicólogos que definieran que era “inteligencia”, el grupo después de varios días   de arduo debate, no logró llegar a un consenso.

Cincuenta y seis años más tarde en 1983 los psicólogos Robert Stenberg de la Universidad de Yale y Douglas Detterman de la Universidad  de Case Western Reserve volvieron a intentarlo.

Requirieron en esta ocasión la opinión de 23 expertos mundiales en inteligencia y recopilaron sus respuestas, todavía había mucho desacuerdos, no pudiéndose llegar a una definición general.

Una vez aclarada estas circunstancias continuamos con nuestra exposición.

 Algo de los perros  que es interesante hacer notar, es  la inteligencia interpersonal, que ellos poseen, que incluye la habilidad  de llevarse bien con los demás y saber asumir  un papel de liderazgo.

Podemos decir que ellos   reaccionan con los signos apropiados  sociales ante  las personas u otros perros, (un ejemplo común podría ser  “cuando nos miran y mueven la cola”, con la esperanza que compartamos la comida con ellos).

La inteligencia interpersonal también se manifiesta, cuando el perro inicia un juego con otro perro, o trata de comunicar sus necesidades a una persona.

La inteligencia interpersonal, en otras palabras, es la base de la comunicación.

 Rescato una historia sobre inteligencia adaptativa del perro, que narra el conocido y renombrado psicólogo y adiestrador Doctor Stanley Coren Profesor de la Universidad de Vancouver Canadá, escritor y autor de un best seller llamado “El síndrome del zurdo”.

Cuenta que... “Una persona que visitaba su casa se  sorprendió al ver que Flint su pequeño terrier escocés, empujaba su bebedero vacío por   el piso  de la cocina en dirección a él.

Flint lo rempujó unos 30 centímetros y al ver que su dueño no reaccionaba otra vez volvió a empujar unos centímetros más y se paro a mirarle.

Repitió esta acción varias veces hasta que Coren le preguntó ¿Quieres agua?.

Estonces Flint lanzó un ladrido expectante y meneó el rabo mientras yo llenaba de agua el recipiente.

Cuando volvió a colocar el bebedero en su lugar acostumbrado, Flint bebió y luego salió contento de la cocina.

A pesar de que mi visitante debía pensar que esta actividad debía implicar un gran despliegue de pensamiento, planeamiento, y comprensión de parte del perro, en realidad era un ejemplo básico del funcionamiento de la inteligencia de adaptación.

La secuencia del aprendizaje era muy simple e implicaba un hecho no planeado en el ambiente del perro.

La modificación adaptable en el comportamiento de Flint debió haberse originado un día en que vió su plato de agua medio vacío, y al tratar de beber las últimas gotas, empujó el bebedero unos cuantos centímetros por el piso.

Como es de metal hace un ruido inconfundible sobre  la cerámica del piso.

Es posible  que al oir el ruido su amo, le haya llenado el plato, y Flint fue recompensado por la ansiada agua.

Después de unas cuantas  instancias de esta secuencia, los componentes de adquisición de su inteligencia le permitieron formar una asociación  entre el ruido de metal sobre el piso, y la oportunidad de saciar su sed.

Los componentes de retención le permitieron recordar la asociación y quizás también que cuanto más fuerte el ruido, más pronto reaccionaba yo.

Ahora cada vez que su plato esta vacío, los  componentes de ejecución le permiten seleccionar una actividad que produce el ruido metálico, es decir, empujar el plato con el hocico.

Si Flint, ejecutara  la misma acción para otra persona, o si tratara de conseguir una comida extra empujando el plato vacío por el piso, estaría demostrando los componentes de transferencia de su inteligencia de adaptación...”

 Si tratamos la inteligencia de adaptación creo conveniente tratar sobre la inteligencia de conducción, eso lo vemos en las exposiciones cuando los perros se presentan, o están en una competencia de adiestramiento o están desarrollando un objetivo de su formación especial o de defensa, o de caza o antidroga o sanitario etc y etc.

Una buena inteligencia de ejecución es lograr que el perro tenga deseos  o voluntad de ejecutar actividades aprendidas o de resolver problemas inmediatos  que los desee su amo humano.

Además dentro de las variables en las esferas  de la inteligencia, el perro debe tener una atención prolongada, es decir, debe ser capaz de concentrarse en una tarea en un lapso razonable.

Esto es importante en el trabajo de obediencia porque a veces llegar al significado de una nueva orden no se da enseguida; deben hacerse varios intentos y prácticas para estampar la asociación en la memoria del perro.

De esta manera, el perro no solo debe fijar la atención  en la tarea sino que debe ser persistente, y no aburrirse  o sentirse frustrado demasiado pronto.

El perro debe ser flexible, si al principio no logra el objetivo, debe intentar otra estrategia y no repetir la respuesta previa equivocada.

 El perro necesita dominio mental para suprimir otras actividades y controlar su reacción ante vistas, sonidos y olores interesantes.

Sin este control se distraerá con facilidad.

Esta capacidad para resistirse a la distracción,  es una de las características que los psicólogos encuentran como rasgo muy común en seres humanos muy inteligentes.

Si bien la inteligencia de adaptación mide lo que el perro puede hacer por si mismo, la inteligencia de conducción debe ser vista como lo que puede hacer el perro por las personas.

Eso nos haría pensar que estas inteligencias solo se dan en los perros domésticos, pero esto no es lo exacto se da también  en los perros salvajes.

Cada animal  de una jauría recibe ordenes de su Jefe el Alfa y ejecuta lo ordenado cumpliendo de esta manera su papel  en la jauría.

Estos son los dos componentes que participan en su inteligencia obediente: aprendizaje y control social.

 Por ultimo mencionaremos una tercera inteligencia, la llamada instintiva que comprende todas las habilidades y comportamientos que son parte  de nuestra programación genética.

Las habilidades que hereda el perro, ya sean a través de la acción del  humano que ha manipulado deliberadamente la composición genética, o mediante la selección natural, se convierten en características que determinan la diferencia de las razas.

Estas características genéticamente  determinadas y las predisposiciones del comportamiento constituyen la inteligencia instintiva de los perros.

 No podemos olvidar de mencionar los estudios sobre inteligencia animal realizados por el Doctor Munro Fox , celebre investigador estadounidense,  miembro de la Sociedad Real de Inglaterra, vicepresidente de la Unión Internacional de Ciencias Biológicas y Presidente Honorario  de la Sociedad de Londres de Historia Natural.

En una de sus partes dice: “La manera mas común de “aprender” de los animales, en el sentido estricto de la palabra, es cometiendo errores y recordando que deben evitarlos en el futuro.

Los cachorros de perros aprenden a ser limpios  en el interior de una casa para evitar castigos.

Los perros actúan   realizando toda suerte de gracias, para ganar así recompensas.

Muy pocas veces los animales aprenden por imitación.

Es cierto, que a menudo existe una fuerte tendencia a copiar las acciones instintivas de otros.

Esto recibe  el nombre de mimesis.

Pero parecen imitar rara vez las acciones  recién aprendidas por sus compañeros; no aprenden por imitación, es decir, porque comprendan el valor de lo que están copiando.

Los experimentos han demostrado que cuando se presenta a los perros un problema sencillo, como el de tener que correr el cerrojo de una puerta, nunca son capaces de imitar a otro que ya aprendió hacerlo.

Sin embargo –dice Munro Fox-  cuando un cachorro de perro pastor aprende a separar ovejas en compañía de otro ya experimentado, eso implica que hay imitación.

El aprendizaje más común es el que se hace por la experiencia, es decir, evitando errores pasados.

Y de aquellos animales que aprenden con más rapidez se dice comúnmente que son los más inteligentes.

Se  afirman que tienen  más comprensión los perros que con mayor prontitud aprenden.

Pero existe otra  clase de aprendizaje que podemos colocar en una categoría superior: el que se hace por el razonamiento, calculando los  distintos aspectos de una situación para actuar por deducción

Esto recibe el nombre de “aprendizaje por percepción”; pues el animal debe tener cierta percepción de la situación  o problema.

 ¿Hay animales –nos preguntamos- que al enfrentarse con una nueva situación piensan por si mismo y actúan?

¿Pueden encontrar la solución a una dificultad, que nunca se le presentó anteriormente y que no saben resolver por instinto?

En otras palabras ¿pueden razonar?

 En realidad  los más rápidos son los antropoides que pueden razonar hasta cierto punto.

Esto se ha establecido por  experimentos científicos; he aquí la descripción de uno de esos experimentos:

“del techo de una habitación se colgó un banano.

En la habitación había dos cajoncitos y una lata de galleta.

Un mono  se puso en la habitación, y quería la fruta, pero no podía alcanzarla.

Observó durante un rato, el banano y las cajas.

Después se levanto súbitamente, puso una caja sobre la otra, encima la lata y se trepó a ellas y descolgó las frutas.

Esto era algo completamente nuevo para el mono,  nunca había apilado cajas y latas para alcanzar una fruta.

No podemos pensar que el mono halla aprendido por una experiencia casual; nunca se había visto ante a una dificultad semejante.

Evidentemente –dice el Doctor Fox- el mono pensó; empleo el razonamiento. He aquí un problema  con el que tal vez se enfrente un perro:

Ponemos un hueso detrás de una cerca de alambre y el perro lo ve y lo huele.

Nunca se encontró en una situación similar.

 En la cerca hay una abertura, pero no esta frente a él, sino a cierta distancia.

 El animal alcanza a verla.

En esta situación se puede hacer varias preguntas:

 ¿Piensa las cosas y decide que si va hasta la abertura, puede atravesar la cerca y alcanzar el hueso?

¿Va directamente hasta ella y de allí al hueso?

¿O por el contrario, se echa a correr de aquí para allá, hasta que llega al agujero por casualidad y consigue así pasar?

Entonces el perro recordaría como tiene que hacer para ir directamente al hueso al encontrarse en una situación similar.

En otros términos.

¿Piensa las cosas como el mono, o solo resuelve sus dificultades  por pruebas y errores, y después recuerda como debe hacerlo la próxima vez? 

Muchos biólogos que estudiaron la cuestión creen que en la primera ocasión el perro encontraría la abertura en la cerca solo por casualidad, y  que después lo recordaría; creen que no piensa las cosas para decidir que puede lograr el hueso yendo directamente a la abertura

El perro dice Munro Fox,  aparentemente, puede resolver un problema pensando las cosas, cuando, en realidad tal vez sólo recuerde una solución anterior, lograda por azar, para un problema parecido

La mayoría de los investigadores han negado a otros animales que no sean antropoides o monos, la facultad de razonar

En la vida de los animales las mayorías de las actividades son dictadas por instintos innatos modificados por experiencias individuales e influidas por el funcionamiento de las glándulas

En muy pocas ocasiones se necesita el  razonamiento, pero tal vez se produzca con más frecuencia que las que los experimentos científicos han puesto en evidencia hasta el presente…”.

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